Materiales · 24 feb 2026

Piedra y madera en el clima de Querétaro

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Son los dos acabados que más nos piden y los dos que peor envejecen cuando se colocan sin pensar en el clima. Esto es lo que hemos aprendido después de varias obras en el Bajío.

El travertino y el concreto aparente comparten un atractivo: parecen simples y no lo son. Los dos perdonan poco. Un travertino mal sellado se mancha para siempre; un concreto mal vibrado deja oquedades que ningún resane disimula. La diferencia entre una obra que se ve bien a los cinco años y una que no, casi nunca está en el material: está en la ejecución.

El travertino y el agua

Querétaro es seco casi todo el año, pero la temporada de lluvias concentra mucha agua en pocas semanas. El travertino es una piedra porosa; sin un sellador penetrante de buena calidad, absorbe humedad y con ella el polvo y los minerales que la manchan. Recomendamos sellar antes de colocar, no después, y repetir el sellado cada dos o tres años.

Muro de travertino colocado a hueso, sin junta aparente.

La colocación a hueso —sin junta visible— es la más elegante y la más difícil. Exige que cada pieza esté calibrada al milímetro y que el despiece se haya planeado en gabinete. En obra no hay margen para improvisar el corte.

El acabado no se decide en el catálogo. Se decide en cómo se coloca.

El concreto aparente y la cimbra

El secreto del concreto aparente no está en el concreto: está en la cimbra. La textura final es un molde exacto de la superficie contra la que se coló. Una cimbra de triplay fenólico nuevo da una cara lisa y uniforme; una cimbra reusada demasiadas veces deja marcas y diferencias de tono que ya no se quitan.

También importa el colado: un concreto mal vibrado atrapa aire y deja huecos. Por eso en obra aparente vibramos por capas y cuidamos la dosificación del agua, que si sobra, mancha.

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